¿Porqué?

21 de febrero de 2012
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¿Nunca han esperado durante horas a que pase el camión para que, cuando por fin llega, se pase de largo sin siquiera frenar porque va echando carreras con otro camión de la misma ruta? Independientemente de las (hasta cierto punto justificadas) ganas de recordarle a su señora progenitora a los choferes involucrados; ¿alguna vez se han puesto a pensar porqué

¿Nunca han esperado durante horas a que pase el camión para que, cuando por fin llega, se pase de largo sin siquiera frenar porque va echando carreras con otro camión de la misma ruta?

Independientemente de las (hasta cierto punto justificadas) ganas de recordarle a su señora progenitora a los choferes involucrados; ¿alguna vez se han puesto a pensar porqué pasan este tipo de cosas?

¿Porqué los choferes circulan a exceso de velocidad, maltratan al pasaje, provocan accidentes, etc?

Les apuesto que lo primero que vino a su mente tiene que ver con normas de urbanidad, niveles educativos, desconocimiento o falta de respeto al reglamento de tránsito y otras variables por el estilo… pero la verdadera respuesta es mucho más sencilla y no tan evidente como parece.

Lo que en realidad sucede es que el chofer del camión nunca se ha puesto a pensar porqué hace lo que hace.

Si le preguntaras al chofer cual es su trabajo seguramente te respondería que manejar un camión, y de entrada suena lógico, ¿verdad?

El problema es que esta no es la respuesta correcta. Si nos ponemos a pensar un poco más allá de lo evidente nos damos cuenta que el verdadero trabajo del chofer del camión es transportar personas.

Un pequeño cambio, pero qué gran diferencia hace.

Si el chofer fuera conciente en todo momento de que su trabajo es transportar personas, seguramente se detendría cada vez que le hicieran la parada en vez de ir echando carreras con los demás.

Lo más curioso es que todos caemos en el mismo error constantemente y sin darnos cuenta. Interactuamos con nuestro trabajo, nuestras relaciones y hasta nuestra práctica de Dharma igual que el chofer, con una idea equivocada de lo que hacemos y porqué lo hacemos.

Cuando olvidamos la razón de nuestra práctica, o de todo lo que hacemos, comenzamos a vivir en piloto automático, reaccionando sin pensar y concentrandonos en la mera forma sin tener en cuenta el sentido de las cosas.

Esto se vuelve particularmente triste cuando se trata de nuestra práctica de Dharma, porque es en este punto en el que confundimos la gimnasia con la magnesia y nos volvemos Tibetanos, Chinos, Japoneses, Tailandeses, o nos esforzamos por volvernos eruditos Budistas, olvidando que nuestra meta no es transformarnos en en Budólogos, sino en Budas.

En vez de seguir las enseñanzas del Buda y tratar de hacerlas siempre presentes en nuestra vida cotidiana, nos «clavamos en la textura» y nos obsesionamos con mantener una postura perfecta mientras meditamos, aunque nos pasemos toda la sesión concentrados unipuntualmente en el dolor de rodillas y espalda que casi nos hace llorar.

Cuando olvidamos lo que realmente buscamos con nuestra práctica –conocer y entender nuestra propia mente para desarrollar un buen corazón y eliminar nuestras limitaciones– y nos concentramos en ser «buenos practicantes» para que los demás se den cuenta de lo espirituales que somos, lo único que estamos haciendo es darle una mano de pintura nueva a nuestra vieja neurosis cotidiana.

Cuando caemos en ello, ¿somos realmente muy diferentes del chofer de camión que prefiere echar carreras a subir pasaje?

Una muy buena pregunta que podemos hacernos cada vez que nos sentamos en el cojin a meditar, pero sobre todo en cada momento de nuestra vida diaria es;

¿porqué?

¿Porqué reacciono con enojo ante tal o cual situación?

¿Porqué tengo miedo de hacer algo?

¿Porqué estoy meditando?

¿Porqué me preocupa tanto lo que los otros piensen de mi?

¿Porqué realmente deseo comprar esto?

Si al buscar la respuesta tratamos de rascar un poco más allá de las razones obvias podemos aprender mucho acerca de nosotros mismos, y empezar a entender a nuestra mente de una manera mucho más profunda y directa.

«Si quieres cambiar lo que eres, tienes que empezar por al menos tener una idea de qué es lo que eres.»

Bruce Lee

Medita y desafía

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