Enemigo

8 de noviembre de 2022
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Una pequeña parábola sobre nuestra percepción.

El hombre no era más que una silueta borrosa entre las sombras del jardín.

Con movimientos rápidos y silenciosos, se acercó a la figura dormida. La pequeña daga en su mano brilló por un instante en la noche antes de ser hábilmente hundida en las sábanas… donde no encontró nada más que espacio vacío.

–Bienvenido, te he estado esperando.

El hombre de negro se volvió lentamente para encarar a un anciano tranquilamente sentado frente a dos tazas de porcelana.

–Sabes que estoy aquí para matarte, pero no estás armado. ¿Por qué?

El anciano llenó cuidadosamente las tazas de aromático té.

–Siéntate, por favor.

–Sería más sabio de tu parte empuñar una espada en lugar de una taza de té.

El anciano sonrió.

–Mi espada sabe cuál es su lugar correcto en todo momento y, hasta que sepa quién eres realmente, ese lugar no es mi mano. Ahora siéntate, tu té se está enfriando.

–Extraña manera de enfrentarte a un enemigo.

–A menos que conozcas a alguien lo suficientemente bien como para comprender sus verdaderos motivos e intenciones, no puedes ser su enemigo. Si no es así, no es esa persona quien es tu enemigo, sino tu propia idea preconcebida de quién es. Si lo piensas, en cierto sentido, el enemigo eres realmente tú mismo.

–Mientras te mate, ¿qué diferencia hay?

–Viniste aquí para matar sin saber a quién estás matando, y estabas listo para morir sin saber por qué estás muriendo. Victoria vacía o muerte sin sentido. Dime, ¿vale la pena?

El hombre de negro levantó su espada, mirando fijamente el rostro tranquilo y sonriente del anciano. Permaneció allí durante mucho tiempo, listo para asestar el golpe, pero al final devolvió lentamente la hoja a su vaina.

–Espero que el té no se haya enfriado demasiado. Dijo finalmente, sentándose frente al anciano sabio.

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